Que no merece la pena esta vida si no puedo vivirla contigo.
lunes, 8 de octubre de 2012
jueves, 4 de octubre de 2012
La rebotica.
Cada domingo, la Asociación La Rebotica organiza una media tarde en La Botica (C/Cañón, 5, Málaga centro) repleta de arte: poesía, cuentacuentos, conciertos... Y GRATIS ¿Qué mejor plan?
Hace dos semanas tuve la oportunidad de volver a recitar allí, con artistas de verdad enormes.
Aquí os dejo el enlace al vídeo que nos hicieron, a la guitarra está mi adorado Alberto García.
En el mismo canal, podéis ver a otros miembros como Rafa Toro, Curro Ayllón, Patricia Rojo, Ito Miranda, Maydiremay, Boza, Alsondelpez, Luis, Cristina... ¡Muchos! ¡Que me lío! Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hago con ellos.
lunes, 1 de octubre de 2012
Calendario.
A golpes de tambor entras en mi vida,
trotas con las crines al viento.
Libertad y seda, mismo tacto
Deslízome dulce y térmica sobre tu lengua.
En este sofá, sitiamos reinos,
conquistamos hemisferios
Yo, el derecho; tú, el izquierdo.
Cada tarde, revolucionas la sobremesa.
Llega mayo, pasa el verano y aterrizamos en octubre,
sin pestañear y en bailes clásicos
Enredados como hiedra
Inmortales las horas puntas en tu torso.
Ahora suena otro tambor, con eco,
rítmico, templado y doliente
Tus ríos de placer primitivos
Cosechas en el fondo de armario.
lunes, 24 de septiembre de 2012
sábado, 25 de agosto de 2012
El salvaje de Aveyron.
En
1800, llevaron a París a un niño absolutamente salvaje que había
sido capturado en la región de Aveyron, convirtiéndole en asunto
público. Por aquel entonces Jean Itard, estaba a punto de doctorarse
en medicina, y no quiso desperdiciar la oportunidad de experimentar
con aquel ser socialmente no contaminado y probar de esta manera las
teorías antropológicas y teorías educativas que se daban por la
época. Tras cinco años de intenso trabajo y esfuerzo dedicado
exclusivamente a potenciar las capacidades de aprendizaje del chico
(cuando llegó rondaría ya los diez o doce años) , el gobierno dio
por concluido el proyecto sin más resultado que un gran fracaso.
El
caso del llamado salvaje de Aveyron no
fue el único clasificado de esta índole, pero sí fue la primera
piedra para el desarrollo de lo que hoy conocemos como “educación
inclusiva”; ésta no es más que un modelo educativo que pretende
satisfacer las necesidades de aprendizaje de todos los individuos a
través de programas compensatorios de manera que todos seamos
receptores de una educación de calidad y diversificada según las
necesidades individuales, paliando así los efectos de las posibles
deficiencias (ya fuesen genéticas o ambientales) que se pudieran
sufrir para que no supongan la causa incorregible de un futuro
marginal.
Hace
un tiempo, cuando trabajaba de profesora de idiomas, tuve la
oportunidad de vivir la experiencia, que más que una experiencia,
fue un golpe de suerte. A punto de terminar el curso académico,
empecé a trabajar con una niña de apenas once años, dulce y
tímida, con una deficiencia visual bastante severa y evidentes
problemas de aprendizaje. Cuando me propuse empezar a preparar las
clases, todo se me hacía cuesta arriba, y es que no sabía cómo iba
a conseguir enseñarle de manera casi totalmente acústica. En el
primer contacto ya pude ver que el problema no era de la alumna, sino
de sus profesores; si bien tenían o no los instrumentos necesarios
para cubrir las necesidades educativas específicas que ella requería
-lo desconozco-, supuraban un interés de niveles bajo cero en
conseguirlos o utilizarlos. Cuando vi las notas finales, lloré.
Había intercambiado un suspenso tras otro por un sobresaliente anual
en apenas un mes.
La
razón por la que hablo de todo esto no es otra que el hecho de que,
muchos podríamos haber sido otros “salvajes de Aveyron” , una
cifra más negra del sector de “fracasados” del sistema, si no
fuera por los compromisos que se tomaron al respecto con la
totalmente infravalorada LOGSE (que, para quien no lo sepa, no tiene
diferencias sustanciales con la actual LOE) y asociados a las
consecuencias directas de la Conferencia de Jomtein y los llamados
“Objetivos del Milenio”. El sistema tiene muchas grietas, pero
¿qué hubiese sido de toda una generación sin los programas de
refuerzo de la lengua vehicular para inmigrantes -más aún después
del boom de finales de los noventa-? ¿sin becas para alumnos
de clase socio-económica media-baja? ¿sin diversificación para
alumnos de alto rendimiento académico? ¿sin cursos de técnicas de
equidad en la enseñanza para el profesorado? ¿sin la adaptación
curricular para discapacitados sensoriales?
Si
todo esto fue posible, es gracias a que este compromiso se tornó
realidad a golpe de talonario por parte de las arcas gubernamentales
-sin desmerecer la inconmensurable labor de las instituciones y
familias- a través de becas, subvenciones y programas como los ya
mencionados. Ahora, con tanta tijera y tan poco miramiento, tengo
miedo; miedo de que haya sido una “edición limitada” de ayudas
para la igualdad de oportunidades porque un Efecto Pigmalión
negativo como el heredado de las técnicas educativas del franquismo
nos conduciría directamente a unos resultados tercermundistas; y
estos, a su vez, a un incierto futuro rebosante de iletrados sumisos
y maleables. Llámenme malpensada si lo creen justo, e incluso
fatalista, pero primero abran un poco las guías de asno: una masa
analfabeta cuasi-oligofrénica
es, con seguridad, la zombificación perfecta.
Como
bien una vez leí en una columna de Ángela Becerra (y discúlpenme
si yerro en las palabras exactas) “el pastor que no entiende a sus
ovejas, se queda sin rebaño”, y usted, mi querido Wert, no está
entendiendo nada ni a nadie.
domingo, 5 de agosto de 2012
El polipropileno y yo.
Si
se pasea por la zona de “los más vendidos” de la sección de
literatura de cualquier gran superficie, verá cómo se amontonan
cientos de libros, unos tendrán más páginas que otros, o un
formato diferente, pero es cuanto menos curioso que todos se
caractericen por lo mismo: incitan a adelgazar, dan las claves para
ser feliz o dejar atrás una relación dañina, enseñan el
aprendizaje de vivir... Y es que, desde que estamos en crisis y
parece que el mundo se desmorona, a todos nos da por intentar estar
menos desequilibrados ¡Hasta los libros de entretenimiento se quedan
asombrados ante la vulgar magnitud de espacio que ocupan los libros
de autoayuda!
Pero
eso no es todo. Cuando conseguí librarme de la vorágine de dietas y
psicología barata, seguí avanzando y me tropecé con los títulos
de los que todo el mundo habla. Las sinopsis no eran llamativas, ni
siquiera tenían un argumento fuera de lo común; es más, ruego que
sus autores me perdonen, pero todo parecía que un remake de las
historias que ya conocemos: novela policíaca al estilo de “Se ha
escrito un crimen”, romántica de película de sobremesa, de
aventuras en las que fusionan “Los cinco” con varitas...
Siendo esto un fenómeno que infecta a todos los ámbitos del arte, me inquieta sobremanera la vertiginosa carrera que está tomando lo conocido como “pseudo-cultura”, pero, no obstante, si existe y desplaza a toda creación con rasgos intrínsecamente artísticos y de calidad, es porque el público así lo demanda.
Siendo esto un fenómeno que infecta a todos los ámbitos del arte, me inquieta sobremanera la vertiginosa carrera que está tomando lo conocido como “pseudo-cultura”, pero, no obstante, si existe y desplaza a toda creación con rasgos intrínsecamente artísticos y de calidad, es porque el público así lo demanda.
Lo
que se cataloga como pseudo (definido como falso) aplicado al
campo que habitualmente se trata – la cultura – es un tema tan
denso que sin una buena brújula puede marear. ¿Es el arte de usar y
tirar realmente arte o sólo es una mera máquina de hacer billetes?
¿De dónde viene este gusto por lo prefabricado? Fue entonces cuando
automaticé una relación causa-bomba a modo de rayo de
lucidez; y es que, este efecto de consumo desaforado de cultura de
relativa calidad no es otra cosa que una consecuencia de las
encarnizadas modas de la sociedad estadounidense.
Si
nos remontamos al pasado histórico, queda claro que la hegemonía
que hoy reina en ámbitos tan dispares como la política, las
relaciones sociales, el arte y la cultura en general, son la
consecuencia directa de una industria podrida por las apariencias,
industria que, a su vez, fue alimentada por una sociedad sedienta de
banalidad que tomó el poder de modo aparentemente irrevocable tras la
Guerra Fría ¡Y de qué manera nos han seducido sus luces de neón!
En
el pasado, el Viejo Continente conquistaba con buenos modales, una
fina perspicacia y el ingenio-ingénuo absoluto a todas las almas
despiertas, confraternizaba con los marginados y los terminales
(quizás demasiado), con los enredados clásicos, y los juegos de
imposibles e improbables. Tal vez, esas grandes dosis de agria
honestidad ya tenían saturada a una sociedad que, harta de
regocijarse en su desdicha con baguettes, espectáculos de varietés
y candiles, lo único que necesitaba era opiáceos. Pero ¿era
realmente necesario el disfraz, la ocultación y la violencia por
adelantado? ¿Cuándo sustituimos por completo el arcaico y opresor
sistema de criba artística por la cultura iconoclasta y elevada de
lo superficial? Y lo que es peor, ¿hemos sido tácita y
voluntariamente intoxicados?
La
revolución en el arte del siglo XX que consolidó a los EEUU de
América como líderes de la manada comenzó, con bastante
probabilidad, con la dichosa lata de tomate y las fotocopias
warholianas. Fue el mejor caballo de Troya que se haya visto jamás:
aparentemente sencillo y con un toque informal, a todos nos entró
por el ojo con ese aire juvenil y rompió los esquemas de lo que
siempre se había visto con la mirada de los mecenas del arte. Estas
líneas habían sido resquebrajas con anterioridad por el cubismo y
el surrealismo pictórico en Europa, pero ¡qué sorpresa! ¡no se
popularizó tener una copia barata de Miró en el cuarto de baño!
-o, al menos, no a gran escala, para suerte del buen gusto-.
A goteo, los pequeños engendros de la cultura popular americana fueron invadiendo cada esquina del mundo: el cine y las brillantes estrellas hollywoodienses afirmaron categóricamente el concepto de belleza y perfección, las discográficas decidieron qué era moderno y qué debía caer dentro de la cuba de la obsolescencia en ciclos intermitentes, la televisión y sus seriales nos dieron una vuelta de tuerca a lo que es y lo que se supone que debía ser -hasta ese momento- parte de unos principios éticos, la literatura se adaptó a los nuevos intereses y gustos populares que tan bien nos ha venido a los mediocres, y -como todo no podía ser negativo- ¡hasta la moda norteamericana influyó en la rebelión femenina!
A goteo, los pequeños engendros de la cultura popular americana fueron invadiendo cada esquina del mundo: el cine y las brillantes estrellas hollywoodienses afirmaron categóricamente el concepto de belleza y perfección, las discográficas decidieron qué era moderno y qué debía caer dentro de la cuba de la obsolescencia en ciclos intermitentes, la televisión y sus seriales nos dieron una vuelta de tuerca a lo que es y lo que se supone que debía ser -hasta ese momento- parte de unos principios éticos, la literatura se adaptó a los nuevos intereses y gustos populares que tan bien nos ha venido a los mediocres, y -como todo no podía ser negativo- ¡hasta la moda norteamericana influyó en la rebelión femenina!
Es
triste que la tierra que vió nacer a las obras maestras de Whitman,
Hitchcock o Nina Simone, a día de hoy los haya reemplazado en la
memoria colectiva por la gastronomía de plástico, los pechos de
silicona y lo superficial como bandera. Sin embargo, el problema
fundamental de la cultura a secas - entendido como el conjunto de
acontecimientos creativos - es que no sólo cultiva el espíritu y
entretiene a las mentes más activas, sino que también sienta
precedentes y recrea modelos a seguir (sean o no insalubres) que por
puro gregarismo terminamos imitando inconscientemente.
La
idea de la infección bacteriana en el uso y abuso humanos requeriría
probablemente un estudio mucho más profundo de lo que realmente se
puede exponer aquí, y que dudo que nadie haya usado ya en más de
una tesis doctoral, pero si rascamos la superficie podemos ver de
manera muy resumida y llena de imperfecciones en verdadero quid
de la cuestión: insaciables de cultura basura buscamos cualquier
tetrapack de risas enlatadas y cánones estéticos; como adictos del
estrellato rápido que somos, las relaciones personales no iban a ser
la excepción.
En
el ámbito de la psicología resulta fácil detectar que, lo que
siempre se había visto como un síntoma inequívoco de enfermedad en
una relación social, a día de hoy se ha normalizado hasta
convertirlo en parte imprescindible ¿La raíz? El contínuo lavado
de cerebro al que hemos sido sometidos mucho antes de que pudiéramos
hacer de nosotros un ente crítico de y para los medios
audiovisuales, donde el lema “Todo lo que merece la pena te hará
sufrir” es la máxima a absorber, asumir y repetir como perfil
comportamental. Se establece así, una masa de desequilibrados
emocionales con tendencia a la escenificación perfeccionista y, a su
vez, autodestructiva, que está abocada a la insatisfacción de la
que tantas editoriales y psicoanalistas se nutren (y gracias que
tenemos a estos últimos).
Para
terminar me siento obligada a pedir perdón y,a su vez, aclarar que
esto no es una alegoría a la aniquilación de tales productos, ni
siquiera es un canto sobre un bucólico pasado mejor. Sólo hablo de
una fosa recién cavada. En nuestras manos está meter todo el arte
prefabricado y sacar al crítico enmascarado que llevamos dentro, o
sino, mis queridos lectores, tendremos que empezar a convivir con el
fatalismo de las mentes parcialmente satisfechas y tirarnos nosotros
dentro. Eso sí, que nadie se sorprenda si al final terminamos
envasados en PVC.
[Imagen: Karen Crook]
[Imagen: Karen Crook]
miércoles, 1 de agosto de 2012
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