domingo, 12 de abril de 2015
sábado, 11 de abril de 2015
Esto no se para.
Le miro, sus ojos reverdecen.
Ya es primavera en sus manos.
Pasarán los años, pasará la gente,
crecerán las sombras, crecerá la tarde,
vendrán los perros a aullarme,
retornará el mar su piel salada,
hablaremos de pecados los lunes.
Respiro, las olas se acompasan.
Ya es vacaciones en su pelo.
Pasarán las horas, pasarán de largo las cigüeñas,
menguará el tedio, menguarán las noches,
bailarán de la mano las briznas de trigo,
acompañará el ventilador mi sueño,
florecerá el jazmín de su puerta azul.
Me acaricia, la electricidad tiembla.
Ya se enciende el esternón.
Pasarán aviones, pasarán dos palabras,
caerán las hojas, caerán los finales,
reescribirá los cuentos,
volarán cometas,
dormirá a tórax abierto.
Le pronuncio, su nombre es casa.
Ya se fracturó el silencio.
Pasarán los vientos, pasará la calma,
abrirá los ojos, abrirán la manta,
encontrarán los cuerpos acurrucados,
saldrán de puntillas de casa,
comenzará la sonrisa de la hibernación.
jueves, 2 de abril de 2015
miércoles, 1 de abril de 2015
Ítaca.
Viento, paseas entre la brillante palidez de sus nuevos cabellos, resabiándote en cada visita. Arrasas con los restos de la antigüedad maldita, de los dioses sangrientos, de los relojes muertos. Ahora, acariciando su silueta contra la ventana, a piel descubierta, dejas al hombre bautizado en calma.
Viento, llegas en forma de brisa, te cuelas en mis pulmones y, disfrazado de huracán, me agitas las entrañas. Quiero desollarme las cuerdas vocales, viento, para descubrirle lo que hiciste en mí; que creas pasillos en la Tierra sólo para dejarte ver y traerme milagros de carne, hueso y vísceras.
Viento, que por diversión, haces sufrir a los mortales, frágiles juguetes en tus manos absolutas. Para siempre y jamás, también adverbios que te pertenecen. Nunca acabarás, siempre origen y solución, controlas la vejez con invisibles voluntades.
Viento, que consigues que el sonido se meza en el espacio hasta mí, que permites que los violines de su voz retumben en mi tímpano. Admite que no es casualidad, asume tu responsabilidad en esta interminable travesía que hace temblar mis crines.
Viento, gracias por regresarme a la orilla de esta Ítaca que lleva por nombre un emperador romano.
lunes, 16 de marzo de 2015
Mírame.
Es la primera vez que me miras.
[Las sábanas planchadas. El zumo de la mañana. Una pintura recién destapada. La ropa limpia. La yema de un índice sobre el pastel. El perdón. Las primeras flores del año. Una libreta nueva. La aurora de una noche interminable. Un aroma a nada. El cuello es casa. 100% de batería. La risa imparable. Suavidad. La hierba fresca. Una brisa de verano en pleno invierno.]
No lo sabes, me has visto, pero ojalá nunca dejes de mirarme. Mírame.
sábado, 14 de marzo de 2015
El pez azul.
La caja está cerrada. Huele a nada. La caja es mirada. La caja me mira. Dentro, se puede escuchar el susurro, el suspiro, los poros tiemblan. La caja desea. La caja anhela ser abierta. Se oye un tamborileo, el siseante movimiento de sus cadáveres.
Cierra los ojos, posa tus manos, notarás la marea en la tormenta. Líquido pesado y rabioso, lleno absoluto de estrépito mudo. Los monstruos que la habitan golpean las paredes que les contienen, paralizados. Aquí me quedo, quieta, muerta, en beligerante silencio.
Una puerta se abre, un haz de claridad incandescente oscila sobre la mitad del ego. Dos pupilas repasan los filamentos del párpado inferior, dos labios se separan. Nadie vive, dos manos pasean sobre las solapas de la caja, los latidos se frenan en seco. Luego, respiramos. De nuevo dos.
La caja, el pecho, circuncidados por la oscuridad. Bailan tus dedos sobre la piel escamada, humedecida por el verbo, desordenan por metódicos pasos un nido de serpientes. Me dejo arrastrar, submarina, por la calma de la cumbre venosa.
Entro en la caja, que es pecera, que es garganta. Existe la luz en tu boca sin ancla. La soledad equilibrada se remueve en las ondas de las aletas del pez azul.
Soy el pez azul. Bienvenido, querido.
Soy el pez azul. Bienvenido, querido.
viernes, 16 de enero de 2015
La lluvia.
[Audio]
Que venga la lluvia.
De día o de noche
Que truene y centellee la ira
Que caigan frazadas de agua
Que arrastren, que arrasen con todo
Como el primer buche de agua
Que caiga con peso y dolor al estómago
Que retuerza las entrañas
Pero que limpie esta polución
Que venga la lluvia
Que me libere de esto
De día o de noche
Quiero respirar.
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