domingo, 2 de agosto de 2015

Lejos.




Debes dejarlo hoy.
Debes dejarlo ir.
Debes dejarlo vivir - o morir- .
Debes dejarlo, pero lejos de ti - lejos de aquí -.


viernes, 31 de julio de 2015

El aviador.




Comienza con una ligera punzada en el entrecejo. Posteriormente, se ramifica la corriente desde la hacia la base del cráneo. Ahí, frena de repente y se diluye sin fuerza a través de los vasos sanguíneos hasta llegar a los talones. Un globo aerostático se hincha entre el esternón y la lengua.

Es el vértigo de asomar la cabeza por una ventana en el piso sesenta y siete, la cabeza totalmente transversal a la imaginaria línea perfecta que crea, en contrapunto, el suelo, y abrir los ojos de repente. Las 23:59 en el reloj de la cocina, el borde de la ropa interior, el beso en la nuca de esa foto, la primera caída de la montaña rusa, el suspiro antes del examen final. Cuando creo que debo abandonarme por la inercia de la tensión, dejarme caer por el inicio y el final, aparecen sus manos aviadoras y elevan el vuelo de la tráquea.

En círculos, las notas aparecen a la par que las cuerdas son violadas por unas yemas francesas. Me devuelve a las siestas de verano, a los campos de lavanda, la primera bocanada de aire al llegar a la superficie, el sol de otoño resurgiendo en las nieblas bretonas, el calor de las manos de mamá, un aliento dulce que susurra mi nombre consciente de a quién nombra. El susurro, pasa a ser un silbido al final, confunde los vocablos de mi título con el tintineo feliz de su voz distraída.

Está cuerdo, se expresa bien, no mira de reojo ¿Es una supernova lo que oigo al retumbar su risa en mi tímpano? ¿Acaso confundo estas tierras con la certidumbre del polvo? ¿Es luz lo que veo a través de su garganta, que me eleva y me sacude indefensa? ¿Es cierto lo que me cuenta el silencio entre las patas de la cama antaño ensombrecidas?

Cuidado, muchacha, sé prudente, que aquel que todo te da, todo te puede quitar. No vueles cerca del sol.

lunes, 27 de julio de 2015

Happy to be back.




Su mirada dio dos vueltas de campana. Inspeccionó su cráneo por dentro y la red nerviosa estableció su residencia fija. Un nudo de soga se había instalado en la boca del estómago apenas unas horas antes.

Tres meses. Tres meses, dos días y diez minutos habían pasado desde la última vez. Recordaría los segundos con exactitud inequívoca si hubiera mirado el reloj en el preciso instante en el que se despidió, pero la intuición traicionera no le puso en sobreaviso de la brecha que estaba por abrirse entre sus pies. El tiempo es profundamente caprichoso.

Había memorizado los momentos, congelados, que decoraron la historia. Su olor, la distribución del vello facial en su mentón, cómo iluminaba su rostro el fulgor de las velas de la tarta. El veinticinco de abril nació una bocanada de humo negro que se tragó todo lo conocido. El demonio del pasado reciente regresó para secuestrarla de nuevo y casi creyó oír como el corazón del emperador se descomponía como un cadáver mediocre.

Pero ahí estaba. El verano había aterrizado y, con él, ella misma frente a la puerta de la tregua con el rostro desdibujado por la disculpa. Recuperó el aliento mientras los tambores de la jungla bombeaban bajo el vestido de algodón rojo. Ya no importaba el calendario ni el reloj, el sol ajusticiaba sus pupilas. El paso se adelantó.


- Me alegro de que hayas vuelto.
- Me alegro de estar en casa.




domingo, 19 de abril de 2015

Un barco con mi nombre.




El agua, en su plenitud y serenidad, nos alberga. Cohabitamos en una marea de ritmo seducido. Templadas las aguas, pronuncias mi nombre y abarloas tu estribor a mi babor, suavemente.

Este barco, que es hogar y transporte, fue construido por las manos que no dejan de tocarse. Los dedos que martillean mi espalda sin dar tregua a los silencios, son la maldición que me ha devuelto a la vida. Y yo pido, y suplico, y rezo para que no me regresen a la ataraxia, indolente y muerta.

Avanzamos, flotando sobre una corriente lubricada. En el pecho crece un nido de pájaros carpinteros que se desplazan, venas y arterias tamborileando al son de tus pestañas. Descubro nuevas tierras al sudeste de tu anatomía mientras, tú, te desvives por colonizar los lunares y las cicatrices que dejaron las travesías de la inexperiencia. Hay mañanas y noches, timón y proa, izan mis pechos como vela mayor en cada nueva estación que reinventas.

En tu país no hay idiomas, ni pasaportes, la nacionalidad es posesión; si aborrasca, abozamos en tierra de nadie, que es el oleaje que se enfurece en tu dermis. Y si el cauce es violento, el fondo abrupto y en el casco una vía de agua se abre paso, me dejaré ahogar en tu saliva, me abandonaré desgobernada a tu voluntad.

Suave y ardiente como el verano, dijiste mi nombre. Zarpamos.


lunes, 13 de abril de 2015

(In) hábitat.




Hoy le hablé de ti por primera vez.

Le conté cómo me tirabas de los dedos de los pies hasta hacerme desesperar de risa; las ensaladas de aguacate bajo la viña, que nos amenizaba siempre la comida dejando caer alguno de sus frutos maduros sobre la mesa; los inviernos de chimenea, barro y leña. En tus historias de superhéroes, de amor y gloria, la niña siempre ganaba y se salvaba sola. Tú me hiciste feminista. Te gustaba recordar el galope a caballo en Italia, la lluvia de Costa Rica, las frías mañanas paseando en bicicleta junto a los canales, tumbarnos sobre una alfombra roja y cuando vivas en Sudáfrica que no se te olvide escribir. Yo no olvido el columpio que me construiste en la azotea, el primer día que me leíste, nuestro reencuentro en la montaña y cómo me gustaba que me peinaras.

También le conté que te encantaba enfadarme hasta hacerme llorar sólo por diversión [Lo que sea, pero que te sientas viva] y otras cosas que no quiero explicar: los discursos sobre mi falta de competitividad, caminar descalzos en la nieve, tus ausencias prolongadas, los gritos de incomprensión, el acelerador hasta el fondo, los silencios que abrían en canal, la piel roja, tus últimos momentos de miedo, las 7:00 del 29 de mayo, todo lo que nunca llegarás a decirme.

Se abrieron dos goteras en mis ojos al pronunciar tu nombre, se extinguió mi hilo de voz.
Exactamente como dijiste, ocurrió. Fueron campos prósperos.
Tal y como tenía que ser, no se me olvida nada.

Me abraza lo inhabitado.

domingo, 12 de abril de 2015



Las cartas sobre la mesa. Señalar, "esto nos separa, esto nos separa".
Prenderle fuego a la mesa. Gritar, "esto no se para, esto no se para".




sábado, 11 de abril de 2015

Esto no se para.



Le miro, sus ojos reverdecen.
Ya es primavera en sus manos.
Pasarán los años, pasará la gente,
crecerán las sombras, crecerá la tarde,
vendrán los perros a aullarme,
retornará el mar su piel salada,
hablaremos de pecados los lunes.

Respiro, las olas se acompasan.
Ya es vacaciones en su pelo.
Pasarán las horas, pasarán de largo las cigüeñas,
menguará el tedio, menguarán las noches,
bailarán de la mano las briznas de trigo,
acompañará el ventilador mi sueño,
florecerá el jazmín de su puerta azul.

Me acaricia, la electricidad tiembla.
Ya se enciende el esternón.
Pasarán aviones, pasarán dos palabras,
caerán las hojas, caerán los finales,
reescribirá los cuentos,
volarán cometas,
dormirá a tórax abierto.

Le pronuncio, su nombre es casa.
Ya se fracturó el silencio.
Pasarán los vientos, pasará la calma,
abrirá los ojos, abrirán la manta,
encontrarán los cuerpos acurrucados,
saldrán de puntillas de casa,
comenzará la sonrisa de la hibernación.