En mi propia Copenhague donde los daneses no llevan sombreros de pelito negro, ni comen galletas de mantequilla. Hablo de la ciudad donde no voy a escribirte más poemas. Ni más acordes. Ni más pensamientos.
Hoy he decidido liberarte, y con ello, liberarme, de esta cadena de desafortunados accidentes mal-llamados besos. O pájaros.
En Nyhavn, las cosas siguen igual. Hay miles de pájaros en el muelle esperando a aquellos que nunca volvieron, me sigue gustando el batido de arándanos a todas horas, y la cocina sigue oliendo a tu barba. [Cuántas nucas habrá visto pasar esta encimera...]

Sándalo.
Brillante.
Vainilla.
Runa.
Arena.
Penumbra
Ámbar
Púrpura
Burbuja
Todo en la cajita de madera que huele a pasado, un fue nada rancio; uno de esos hubo que apetece mirar de vez en cuando para poder sonreír y pensar soy.
Ahí te mantendré, intacto y contradictoriamente libre; mezclado con las entradas de conciertos, con las fotos del colegio y las palabras que nunca te pedí.
Porque yo sigo hoy en Copenhague, y tú no.
Puro. Sencillo. Bello. Abstracto.
Y aún así, no lo entiendo.